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A las madres que luchan en silencio: entre desafíos, fe y la decisión de ser felices

A las madres que luchan en silencio

Por Yesenia Feliz | CEO de YEFDIGITALRD

Si hay algo que he aprendido a lo largo de mi vida es que ser mujer en estos tiempos modernos es uno de los desafíos más grandes que podemos enfrentar.

Muchas veces las personas ven nuestras fotografías, nuestros logros, nuestros emprendimientos, nuestros proyectos y nuestros momentos felices, y piensan que todo marcha perfectamente. Sin embargo, pocas conocen las lágrimas que hemos derramado en silencio, las noches sin dormir, las preocupaciones que guardamos en el corazón y las batallas que enfrentamos cuando nadie nos está mirando.

Hoy escribo estas líneas no como periodista, ni como emprendedora, ni como líder. Hoy escribo como mujer.

Como una mujer que ha tenido que aprender a dividir su tiempo entre su hogar, su familia, su trabajo, sus responsabilidades ministeriales, sus sueños personales y el inmenso compromiso de ser madre.

Y precisamente ahí comienza uno de los mayores desafíos.

La sociedad nos exige ser excelentes en todo. Debemos ser buenas madres, buenas esposas, buenas empleadas, buenas líderes, buenas administradoras del hogar, buenas emprendedoras y, además, mantener siempre una sonrisa.

Pero pocas veces alguien nos pregunta cómo nos sentimos realmente.

Hay días en los que el cansancio pesa.

Días en los que sentimos que estamos dando más de lo que recibimos.

Días en los que queremos sentarnos a llorar porque simplemente ya no sabemos de dónde sacar fuerzas.

Y cuando eres madre de un niño con autismo, las emociones toman una dimensión diferente.

He aprendido que el amor tiene muchas formas.

He aprendido a celebrar pequeñas victorias que para otros podrían parecer insignificantes.

He aprendido a ser paciente cuando quisiera correr.

He aprendido a comprender un mundo que muchas veces no entiende a nuestros hijos.

También he conocido el miedo.

El miedo al futuro.

El miedo a no estar haciendo lo suficiente.

El miedo de preguntarme si estoy tomando las decisiones correctas.

Pero junto al miedo también he conocido una fuerza que no sabía que existía dentro de mí.

Porque nuestros hijos tienen una manera extraordinaria de enseñarnos a amar sin condiciones y a encontrar esperanza incluso en los días más difíciles.

No voy a decir que todo ha sido fácil.

No lo ha sido.

He sentido agotamiento.

He sentido frustración.

He sentido tristeza.

Pero también he sentido una gratitud inmensa hacia Dios, porque en medio de cada desafío he podido ver Su cuidado, Su respaldo y Su fidelidad. Cuando he sentido que las fuerzas se agotan, Él ha sido quien me ha sostenido. Cuando las respuestas no han llegado de inmediato, Su paz me ha acompañado. Y cuando el camino ha parecido demasiado difícil, he encontrado refugio en la certeza de que nunca he estado sola.

He aprendido que Dios no siempre elimina las tormentas, pero sí nos acompaña mientras las atravesamos. Su amor ha sido mi refugio, Su gracia mi fortaleza y Su presencia el recordatorio constante de que aún en los días más oscuros hay esperanza.

Por eso, junto a cada logro, cada avance y cada victoria, también hay una profunda gratitud por cada momento que me recuerda que Dios sigue obrando aun cuando no puedo verlo.

Y quizás una de las lecciones más importantes que he aprendido en este camino es que la felicidad no puede depender de otras personas.

Durante años muchas mujeres depositamos nuestra felicidad en una relación, en el reconocimiento de otros, en la aprobación de la sociedad o en aquello que esperamos recibir de alguien más.

Hasta que un día entendemos una gran verdad: la felicidad tiene que comenzar dentro de nosotras.

Nadie puede vivir nuestra vida por nosotras.

Nadie puede sanar nuestras heridas por nosotras.

Nadie puede construir nuestros sueños por nosotras.

Somos nosotras quienes debemos decidir cada mañana levantarnos, creer, avanzar y elegir ser felices a pesar de las circunstancias.

Porque la felicidad no significa que todo esté perfecto.

La felicidad es encontrar paz aun en medio de la tormenta.

Es agradecer aun cuando el camino es difícil.

Es reconocer nuestro valor incluso cuando nadie más lo hace.

Y para mí, también ha significado confiar en que Dios tiene el control aun cuando yo no entiendo todo lo que está ocurriendo.

En este Día de las Madres quiero decirles a todas las mujeres que están luchando en silencio que las veo.

A las madres que trabajan sin descanso.

A las emprendedoras que siguen apostando por sus sueños.

A las esposas que sostienen sus hogares.

A las líderes que sirven a otros.

A las madres de niños con necesidades especiales que muchas veces cargan responsabilidades que pocos comprenden.

No se rindan.

Su esfuerzo vale la pena.

Su historia importa.

Su amor está dejando huellas eternas.

Y aunque a veces el cansancio les haga sentir lo contrario, son mucho más fuertes de lo que imaginan.

Hoy quiero recordarte algo que yo misma he tenido que aprender una y otra vez: no pongas tu felicidad en manos de nadie.

Tu felicidad tiene dueña.

Y esa dueña eres tú.

Pero nunca olvides que existe una fuente aún mayor de fortaleza: Dios. Porque cuando nuestras fuerzas terminan, las de Él comienzan. Y cuando sentimos que no podemos más, Su amor nos recuerda que todavía hay propósito, esperanza y un nuevo amanecer por delante.

En este Día de las Madres, quiero abrazar con mis palabras a cada mujer que ama, lucha, sirve, construye, cae y vuelve a levantarse. Felicito a todas las madres, especialmente a aquellas que llevan cargas que pocos conocen y que aun así continúan dando lo mejor de sí cada día.

Que Dios las fortalezca, las bendiga y les recuerde cuán valiosas son. Reciban un abrazo lleno de cariño, admiración y respeto. Hoy celebramos su amor, su valentía y la huella imborrable que dejan en cada vida que tocan.

¡Feliz Día de las Madres!

Con amor y gratitud,

Yesenia Feliz
CEO de YEFDIGITALRD

"Madre, quizás no siempre escuches cuánto vales, pero nunca olvides que tu amor transforma vidas, tu esfuerzo deja huellas eternas y tu existencia es un regalo de Dios para este mundo. Te abrazo a la distancia y te deseo un Feliz Día de las Madres."

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